Y de pronto, todo se calmó.
Todo quedó en su sitio, como debió ser, recuperando su lugar.
Yo veía agitarse el pecho, desencajado, em penumbras por no saber a dónde iba el querer.
¿Adónde vas?
Te solté la mano y caí a un hoyo y desde allí salí lleno de hermosura por la vida.
Desde allí germiné y crecí al cielo como una planta, como una montaña o como un rayo de luz.
¿Por qué me aferraba a tu recuerdo? ¿por qué nos hacíamos tanto daño?

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